Un hombre desea andar una milla desde el punto a. Pero hay una infinidad de dioses que se proponen impedírselo sin que lo sepan los demás dioses. Uno de ellos va a levantar una barrera para impedir que siga avanzando si llega a la media milla, otro, si llega al cuarto de milla, un tercero, si llega al octavo de milla, y así hasta el infinito. En consecuencia, no puede ni siquiera empezar, porque, por muy corta que sea la distancia que vaya a recorrer, antes lo habrá detenido una barrera. Pero, en tal caso, no se levantará ninguna barrera y, por tanto, no habrá nada que le impida partir. Se ha visto obligado a permanecer en el sitio por la mera intensión irrealizada de los dioses.
Categorías:
Paradoja



